Matriscencia: la transformación que nadie te explica al hacerte madre
Cuando me quedé embarazada por primera vez, nadie me habló de la matriscencia. Me explicaron los cambios físicos del embarazo, me preparé para el parto, leí sobre lactancia… pero nadie me dijo que yo, como persona, iba a dejar de ser quien era para convertirme en alguien completamente nuevo. Eso tiene nombre, lleva décadas estudiándose y es mucho más profundo de lo que cualquier libro de embarazo te anticipa.
Qué es la matriscencia
La matriscencia es el proceso de transformación que vive una mujer al convertirse en madre. No se trata solo de los cambios físicos del embarazo o del postparto, sino de una metamorfosis completa que abarca la identidad, la psicología, las relaciones, los valores y la visión del mundo.
El término fue introducido en los años 70 por la antropóloga Dana Raphael, quien lo acuñó para describir este proceso de la misma forma que existe la adolescencia para nombrar la transición a la edad adulta. Décadas después, la psicóloga e investigadora Aurélie Athan lo recuperó y lo desarrolló en profundidad desde la psicología perinatal, dándole el reconocimiento académico que merecía.
Por qué la matriscencia es tan importante y tan desconocida
Durante siglos se ha hablado del embarazo como una preparación para el bebé, no para la madre. Los controles médicos, los libros, las conversaciones… todo gira alrededor de cómo crece el bebé, qué necesita el bebé, cómo cuidar al bebé. Y las madres nos quedamos en segundo plano como si fuéramos un contenedor temporal que, una vez cumplida su función, deberíamos volver exactamente a ser quienes éramos antes.
Eso no solo no ocurre, sino que no puede ocurrir. La matriscencia explica precisamente que esa expectativa es irreal y, en muchos casos, es la raíz del sufrimiento silencioso de tantas madres que sienten que algo va mal porque no se reconocen a sí mismas y no entienden por qué.
Cómo se vive la matriscencia en el día a día
La crisis de identidad que nadie nombra
Una de las manifestaciones más comunes de la matriscencia es la sensación de haber perdido quien eras antes de ser madre. El trabajo que te apasionaba, los planes de fin de semana, la relación con tu pareja, las conversaciones con tus amigas… todo cambia de forma radical y en muy poco tiempo. Muchas madres describen esta etapa con una mezcla de culpa y confusión: aman a su bebé con una intensidad que no habían sentido nunca, pero al mismo tiempo sienten que han perdido algo de sí mismas que no saben si van a recuperar.
Eso no es ingratitud. No es mal carácter. Es matriscencia.
Los cambios en el cerebro que lo explican todo
La matriscencia no es solo una experiencia emocional: tiene una base neurológica documentada. Los estudios de neuroimagen de la investigadora Susana Carmona demuestran cambios cerebrales estructurales durante la maternidad, especialmente en las áreas relacionadas con la empatía, la toma de decisiones y la respuesta al estrés. El cerebro de una madre literalmente no es el mismo que el de antes del embarazo, y eso explica por qué las prioridades, las reacciones emocionales y la percepción del mundo cambian de forma tan profunda.
Los cambios en las relaciones personales
La matriscencia también transforma las relaciones. La dinámica con la pareja cambia porque los roles se redistribuyen, a veces de forma desequilibrada. Las amistades sin hijos se alejan o se vuelven menos comprensibles. La relación con tu propia madre adquiere una nueva dimensión. Y a veces aparecen vínculos nuevos, con otras madres, que tienen una profundidad y una rapidez de conexión que sorprende.
Todos estos cambios son parte del proceso. No indican que tu relación esté rota ni que hayas perdido a tus amigos para siempre. Indican que estás en plena matriscencia.
Matriscencia: cuánto dura y cuándo termina
No es solo el postparto
Uno de los malentendidos más frecuentes sobre la matriscencia es creer que es sinónimo de postparto o que termina cuando termina el cuarto trimestre. No es así. La matriscencia es un proceso que comienza en el momento en que decides ser madre, se intensifica durante el embarazo y el postparto y continúa evolucionando durante los primeros años de crianza.
No tiene una fecha de caducidad definida porque no es una enfermedad ni una crisis que se resuelve: es una transformación que se integra. En algún momento dejas de sentir que has perdido quien eras y empiezas a descubrir quién eres ahora. Eso es llegar al otro lado de la matriscencia.
La matriscencia con el segundo hijo
Algo que muy pocas personas te cuentan es que la matriscencia se vive de nuevo, de forma diferente, con cada hijo. Con el segundo no es tan intensa en términos de identidad, pero aparecen nuevas capas: la culpa de dividir la atención, la gestión de las distintas necesidades, la reorganización familiar. Yo lo viví así: el primer hijo me transformó, el segundo me hizo darme cuenta de cuánto había crecido.
Cómo acompañar la matriscencia sin sufrir de más
Nombrarla ya es el primer paso
Hay algo enormemente liberador en descubrir que lo que estás viviendo tiene nombre. Que no estás sola. Que no es una debilidad ni una señal de que no eres suficientemente buena madre. La matriscencia le pone palabras a algo que millones de mujeres han vivido en silencio, y eso solo ya tiene un valor terapéutico real.
Leer sobre ello antes de que ocurra
La mejor forma de prepararse para la matriscencia es conocerla antes de vivirla. Tener recursos a mano durante el embarazo que hablen de la transformación que viene, no solo del bebé, marca una diferencia real en cómo se vive el postparto. En Be Mummy tienes disponible Ser mamá, guía del embarazo, parto y postparto de Nazareth Olivera Belart, una de las guías más honestas sobre lo que realmente ocurre cuando te conviertes en madre, escrita con evidencia científica y sin edulcorar la realidad.
Pedir ayuda profesional si la necesitas
Si la matriscencia se vive con una intensidad que interfiere en el día a día, con sentimientos persistentes de pérdida, ansiedad o desconexión, acudir a una psicóloga perinatal es la decisión más inteligente que puedes tomar. No porque algo esté mal en ti, sino porque la matriscencia es un proceso lo suficientemente grande como para merecer acompañamiento profesional cuando lo necesitas.
Matriscencia y crianza: cómo lo que sientes influye en cómo cuidas
Existe una conexión directa entre cómo vive una madre su matriscencia y cómo se relaciona con su bebé. Una madre que se siente vista, acompañada y que tiene sus necesidades mínimas cubiertas tiene más recursos emocionales para dar. Por eso cuidarte a ti no es un lujo ni un acto de egoísmo: es la base desde la que puedes cuidar bien a tu bebé.
En Be Mummy lo tenemos muy presente en todo lo que diseñamos y seleccionamos. Los textiles de algodón orgánico, el BabyNest, los libros de maternidad… todo está pensado para hacerle la vida más fácil a una madre que ya tiene suficiente con lo importante.
Preguntas frecuentes sobre la matriscencia
¿La matriscencia solo la viven las madres biológicas?
No. La matriscencia es un proceso que viven todas las personas que se convierten en madres, independientemente de cómo hayan llegado a serlo: embarazo biológico, adopción o maternidad de acogida. Lo que lo desencadena no es el embarazo en sí, sino el proceso de convertirse en madre.
¿Existe algo similar para los padres?
Sí. El proceso equivalente en los padres se llama patrescence o patriscencia, aunque está mucho menos estudiado y documentado que la matriscencia. Existe y es real, pero los cambios cerebrales y emocionales son diferentes y generalmente menos intensos que los que experimenta la madre.
¿La matriscencia es lo mismo que la depresión postparto?
No. La matriscencia es un proceso de transformación universal que viven todas las madres en mayor o menor medida. La depresión postparto es una condición de salud mental que requiere atención profesional y que solo afecta a una parte de las madres. Ambas pueden coexistir, pero son cosas distintas.
¿Cuándo termina la matriscencia?
No termina de forma abrupta. Se integra. En algún momento la sensación de crisis de identidad cede y la nueva versión de ti misma empieza a sentirse familiar. Para muchas madres esto ocurre entre el primer y el segundo año, aunque varía enormemente de una persona a otra.
La matriscencia no es una crisis que superar ni una debilidad que ocultar. Es la prueba de que convertirse en madre es uno de los procesos de transformación más profundos que puede vivir un ser humano. Que tenga nombre no lo hace más fácil, pero sí menos solitario.
Con mucho cariño,
Marta